30/12/09

La Ruta de los Molinos



La construcción y operación de rutas ecoturísticas es sin duda una acción que permite atraer más turistas a las ciudades que se proponen a hacerlo. La llamada “Ruta de los Molinos” en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas en México, impulsada por la controvertida Fundación Na Bolom, se inscribe aparentemente dentro de estos propósitos ecológicos y turísticos. Sin embargo, cabe hacer una crítica al respecto en lo que respecta a su viabilidad sociopolítica.

El oriente de la ciudad de San Cristóbal, que es donde se ubica la ruta que se propone, tiene bosques relativamente mal conservados en las inmediaciones de los molinos, a pesar de que en todos los casos han sido sujetos de movimientos agrarios que impusieron habitantes indígenas con vocación productiva agropecuaria (maíz, hortalizas y ovinos) y forestal consistente en la tala ilegal de bosques de pino, que generan productos que incluso los restauradores de inmuebles en San Cristóbal adquieren; cabría preguntarse cuántas construcciones en San Cristóbal en este momento utilizan madera de origen ilegal.

Estas vocaciones económicas que los habitantes de esas zonas ejecutan, no tienen una relación directa con la actividad ecoturísitca, que en San Cristóbal más bien realizan personas de otro origen étnico, incluso extranjeros, si bien es cierto que el Parque de Rancho Nuevo, propiedad de la Secretaría de la Defensa Nacional cumple con criterios ecoturísticos bastante aceptables y da trabajo a muchas personas indígenas y mestizas.

Los habitantes de la ruta, en su momento despojaron a sus legítimos propietarios de la superficie que hoy ocupan, aunque después hayan llegado a un arreglo con la intermediación – buena o mala – de las autoridades agrarias estatales y federales. Esto salvo en el caso del “Molino de los Arcos”, que aun no llega a un arreglo entre propietarios y posesionarios y que el gobierno del Estado pretende solucionar como un problema de vivienda, olvidando la historia de una Reforma Agraria inconclusa en Chiapas.

El establecimiento de esta ruta, conlleva entonces la imposición de un esquema que provocaría a la acción política de los posesionarios de los terrenos por donde pasara, dadas las suspicacias que surgirían con respecto a las actividades económicas que pudieran permitírseles. No debemos olvidar que los Molinos eran un símbolo de la dominación colonial, en los que congregaciones religiosas, propietarias de ellos, obligaban a los indígenas a trabajos excesivos, casi esclavizantes y que la historia nos dice que dichos molinos empezaron a perder auge gracias a la aplicación de las Leyes de Reforma en Chiapas y luego con la Reforma Agraria. De hecho, San Cristóbal dejó de ser un lugar para la transformación del trigo en harina, no así en cuanto a la producción de pan, cuya materia prima ahora incluso se importa de Estados Unidos.

Dice la tradición oral por ejemplo, que la penúltima rebelión indígena, la del “Pajarito”, fue extinguida precisamente en el Molino de “San Nicolás”. Hay que tener cuidado con estas nostalgias del pasado reaccionario, aunque en un tiempo de reanudación de la acción política de la parte más reaccionaria de la Iglesia Católica, no es de extrañar. En todo caso, los Molinos debieran ser restaurados y utilizados para algo que promueva más la igualdad social en Chiapas y genere mayor Desarrollo Humano. Esta rehabilitación social de dichos lugares históricos no necesita de la intervención más que de los propietarios de cada Molino, de acuerdo al proyecto que cada quien proponga, sin la participación de una intermediaria incómoda, dispersa y voraz.
También hay que ser cuidadoso de promover proyectos que enfrenten a la población por la posesión de territorio y supremacía en actividades económicas.

Por lo que toca a la seguridad, en diciembre de 2008, 3 extranjeros indocumentados, 2 ecuatorianos y un chino, fueron muertos a mansalva en las inmediaciones de dicha ruta, por elementos de la Seguridad Pública Estatal. Asunto de extrema gravedad al que se le ha echado tierra. En realidad, esa ruta, es también una ruta de introducción de indocumentados a la ciudad de San Cristóbal, en su paso hacia el centro de la República y luego a Estado Unidos. Esto implica un riesgo para los turistas extranjeros que visitaran el mencionado lugar, sin contar que en la década de los noventa al menos fueron encontrados dos cadáveres de mujeres extranjeras violadas y asesinadas en la misma zona. ¿Qué garantías de seguridad existen para los visitantes? Ninguna.

Ahora bien, muchas zonas de la mentada ruta están plagadas con insectos descortezadores de pinos (dendoctronus frontalis, dendoctronus adjuntus), lo que implica que al ser visitadas por turistas que vienen de todo el mundo existe un riesgo de sanidad vegetal de grandes dimensiones, sobre todo si se toma en cuenta que se trata de personas que hacen un recorrido por diversos lugares boscosos de la geografía nacional y de América Central y del Norte. En este sentido, una ruta de esta naturaleza, no podría catalogarse de “ecológica”, sino más bien un serio riesgo de impacto ambiental.

Adicionalmente, existe el riesgo de que estas rutas sean de pronto aprovechadas por los arrendadores de cuatrimotos – deporte muy en boga -, como ha ocurrido en la Sierra Gorda de Querétaro y en Mazamitla, Jalisco, lo cual atraería turistas, es cierto, pero ocasionaría daños, como la extinción de especies animales autóctonas, en un entorno ecológico cada vez más deteriorado por la codicia de los especuladores inmobiliarios y el turismo mal planeado.

Además, es sabido que los recursos que organizaciones internacionales y el mismo gobierno pudieran aportar para la realización de este proyecto, podrían correr el riesgo de ser desviados a tapar boquetes financieros que existieran en otros ámbitos de acción, ya fracasados. Sería mejor invertir en educación, en construir y reconstruir escuelas y no en sustituirlas por plazas comerciales, en el desarrollo de programas de estudio e investigación que dotaran a nuestros niños y jóvenes de una mejor conciencia para la conservación ecológica. También es necesario invertir en una mejor concertación social que lleve a todos los habitantes del Valle de Jovel a actividades económicas dignas y bien remuneradas.

13/12/09

San Cristóbal, Ciudad Perdida

San Cristóbal de Las Casas, ciudad colonial, se fundo en 1528 gracias a la codicia de Mazariegos, De la Tovilla y otros conquistadores, quienes querían enfrentar a otro grupo de ellos, encabezados por Portocarrero, para lograr mejores posiciones territoriales. Dicha codicia ha permeado a través de los siglos en el actual poblador coleto, sin importar su “autenticidad étnica”, en la forma de especulación urbana, destrucción ambiental, actividades turísticas poco sustentables, explotación laboral e incluso delincuencia organizada en sus modalidades del siglo XXI, significadas por el tráfico de estupefacientes y de indocumentados.
Aquí presento la hipótesis de que San Cristóbal es una “Ciudad Perdida” en muchos aspectos. En el aspecto urbanístico, pudiera decirse que la mayoría de la población de la superficie urbana del municipio vive en condiciones de cuarto mundo, ya superada en su desarrollo por muchas ciudades de Centroamérica, lo cual hace patente, después de casi doscientos años, el fracaso que tuvieron los chiapanecos al integrarse a México. Siempre abandonado, en el último lugar de desarrollo económico, Chiapas sufre hoy más agudamente los embates de una crisis económica que el gobierno estatal con su corrupción generalizada, ineptitud y ceguera no hace más que profundizar. ¿De qué sirve, por ejemplo una “Ciudad Rural Sustentable” en un lugar donde no hay ninguna actividad económica redituable? ¿Qué beneficios alternativos pudieron obtenerse con la carísima campaña publicitaria de la población de Juan del Grijalva? Seguramente pudieron haberse creado empleos, oportunidades educativas, pero las necesidades de gratificación narcisista filial se impusieron y se sigue tirando dinero en comunicación política inútil, patológica, con las autoridades municipales siguiendo el ejemplo. ¿Para qué publicitar logros inexistentes que sólo aplauden empleados y viajeros pagados?
Volviendo a San Cristóbal, solamente el centro histórico de la antigua Villa Viciosa por un lado y algunos zonas boscosas milagrosamente conservadas por el otro, se notan diferentes y son atractivo turístico. –calles en donde empiezan a ser excesivos los restaurantes y bares, los hoteles y posadas, todos con camas y mesas con un creciente descenso relativo en su ocupación. Se empieza a perder el auge, a pesar de que se cobran a los empresarios turísticos rentas superiores a lo que se acostumbra en lugares mejor posicionados en el ranking turístico nacional e internacional.
San Cristóbal es el colmo de la feria de corrupción, negación de los problemas sociales y complacencia con la ineptitud de la administración pública de todos los niveles, incluyendo el federal, que vive Chiapas. En San Cristóbal los pobladores de clase media baja, pobre y de extrema pobreza, cada vez sufren más y eso es evidente. Viven situaciones de gran marginación de acceso a los servicios básicos, que cada vez se deterioran más. ¿De que sirve un Hospital de las Culturas tan limitado en camas en una población que ha regresado a los niveles de deterioro de salud de 1960? La única diferencia es que cada vez hay más gente que demanda servicios y que la miseria es más evidente. No nos podemos callar. La oportunidad de que se viviera en San Cristóbal el ascenso social de familias, se ha perdido. La expectativa es fallida, incluso más desesperanzadora que en otros puntos de México.
Hay que agregar el aspecto geopolítico, que tiene que ver con la nueva posición fronteriza entre norte y Centroamérica, que se empieza a redibujar con la nueva carretera San Cristóbal – Palenque, donde lo que queda al oriente pasará a ser Centroamérica y al poniente, con San Cristóbal como punto fronterizo, una zona de transición de América del Norte que llegará hasta Puebla. Al ser frontera, San Cristóbal enfrenta los problemas derivados de las economías subterráneas, significados por el contrabando de diversas mercancías, droga, trata de personas y extorsiones entre mafiosos, que vendrán a especular en esta ciudad. Seguramente ya hay muchas personas organizando su bienvenida. En este sentido geopolítico, San Cristóbal también se ha perdido.
La impunidad impera y favorece la especulación urbana en la antigua Ciudad Real, auspiciada pos mafias legaloides que se amparan en supuestas jerarquías sectarias, ya bastante pervertidas y en una estructura príista arcaica, aunque algunos se pongan la máscara de otros partidos, que en Chiapas, de manera indistinta, aplauden unánimemente a la ineptitud y corrupción. En Chiapas no hay oposición, hay lisonjeo que se paga a bajo precio, debido a la miseria económica y moral en la que ha caído su clase política, reflejo extremo de lo que sucede en todo el país y antítesis de la dignidad con la que se comportan muchos ciudadanos chiapanecos que prefieren la autonomía de la pobreza digna y que esperan la claridad del día en que se comenzará a hacer justicia y acabarán los privilegios.
Pero hay que decir, por fortuna, que la ciudad de San Cristóbal, está perdida principalmente para todos los que hoy tienen la expectativa de grandes ganancias producto de la especulación, de los negocios a la vera del gobierno. Está perdida para ellos porque la indignación del pueblo crece y su conciencia aumenta. Porque saben que los vientos libertarios que soplaron en este valle hace quince años están por convertirse en huracán.